Historia
de la Florida
Los límites del Estado de Florida
están perfectamente definidos en la actualidad:
al N, Alabama y Georgia; al S, el estrecho de su
nombre por el que se separa de Cuba; al O, el golfo
de México y Alabama, por último, al
E, el Atlántico.
Este territorio en el siglo. XVI fué
descubierto, colonizado y cristianizado por los
españoles; era entonces su magnitud mucho
mayor y sus límites terrestres imprecisos,
pues comprendía todo lo descubierto al N
de Cuba y al E de Nueva España.
Los indígenas que tomaron contacto
permanente con los cristianos formaban numerosas tribus
que se pueden agrupar en tres familias lingüísticas:
calusas (tequestas, jeagas, guatacas, ais y tocobagas),
situados en la parte meridional de la península;
timucuanos (acueras, ocales, aguadulces, surruques, saturibas,
ibis, icafuis, tacatacurus, potanos, utinas, mocosos y
ocitas), al N de los anteriores ocupando el istmo; y muscoguis
(gualés, semínolas, cusábos, apalaches,
hitchitis, apalachicolas, chiahas, ocones, tamathlis y
yamesees), que ocupaban la parte continental. Provenían,
tanto de invasiones terrestres en dirección N-S,
como de la expansión marinera de los pueblos arauacos
llegados a F. por la vía contraria S-N; la mecánica
de su poblamiento primitivo semejaba en cierto modo a
la de España. Su nivel cultural era en algunos
de ellos neolítico; otros se encontraban en periodo
de transición de formas recolectoras a cultivadoras,
por lo que eran seminómadas: los hombres, cazadores
o pescadores, y las mujeres, cultivadoras y recolectoras;
su bebida negra era un preparado, con raíz de kunti;
idólatras, sacrificaban niños para aplacar
a sus dioses; vivían en chozas circulares y en
el centro había una mayor para las ceremonias tribales.
Otras tribus próximas, que en diversas ocasiones
influyeron en la F. española, pertenecían
a la familia iroquesa.
El bojeo de sus costas comenzó
en los últimos años del s. xv, pues aparecen
de modo inconfundible y con abundantes topónimos
en el mapa de Cantino de 1502. Se cree que la parte occidental
O pudo ser alcanzada por la supuesta exploración
conjunta de Pinzón (v.), Díaz de Solís
(v.) y Vespuccio en torno al golfo de México, y
que la oriental fue reconocida en 1498 por Juan Caboto
(v.). A comienzos del s. xvi, varias disposiciones que
autorizaban llevar a La Española indios de aquellos
lugares donde no hubiese oro, permiten suponer que llegaron
a F. (entonces considerada como isla bajo el nombre de
Bimini) varios viajeros más, desconocidos, hasta
que en la primera década de abril de 1513, Ponce
de León (v.) tomó posesión de aquella
supuesta isla dándole la denominación actual,
bien por la belleza de su tierra o por la festividad de
la Pascua Florida que allí celebraron. En 1516
Miruelo llega a las cercanías de Apalache; Hernández
de Córdoba la alcanza, con Alaminos, en 1517; más
tarde Grijalba (1518), Camargo (1519) y, sobre todo, Alvarez
de Pineda, comprueban, al completar la exploración
del golfo de México, la continentalidad de F. Con
las noticias dadas por estos descubridores, el papa León
X erige el 5 die. 1520 la diócesis de Santiago
de la Florida, cuando en realidad no había en ella
un solo cristiano; además, las expediciones depredadoras
organizadas aquel año por Diego Caballero, Vázquez
de Ayllón y Ortiz de Matienzos para coger esclavos,
llevadas a la práctica por Gordillo y Quexos, eran
una mala preparación para el establecimiento de
la Iglesia en aquel lugar. A ello es debido que fuese
rechazada la segunda expedición de Ponce de León,
realizada en 1521, y que, de las heridas recibidas, éste
muriera poco después.
Buscando el estrecho de Anián
recorrió Esteban Muñoz en 1525 las
costas desde Terranova a F. El mismo año
Vázquez de Ayllón envió a Quexos
con dos naves y luego, en junio de 1526, salió
él mismo, alcanzando el cabo Fear y muriendo
en octubre aquel año. La exploración
de las tierras continentales comenzó con
la desgraciada expedición de Narváez
que en abril de 1528 desembarcó en las inmediaciones
de Tampa. Núñez Cabeza de Vaca (v.)
y cuatro supervivientes más cruzaron Norteamérica
de E a O en un largo viaje de ocho años.
En 1538 salió de España la expedición
capitaneada por Hernando de Soto (v.), que realizó
una parecida epopeya descubridora, partiendo también
de Tampa. En 1544 Julián de Sámano,
hermano del secretario de Carlos V, y Pedro de Ahumada,
hermano de S. Teresa, pretendieron conquistar F.,
pero el rey no dio la autorización por escrúpulos
de conciencia. Sin embargo, poco después
la concedía a fray Luis de Cáncer,
compañero de Las Casas, para que la llevase
a cabo con la sola predicación del Evangelio
sin la intervención de las armas, pero antes
de poder hacerlo, Cáncer pereció,
al desembarcar en 1549. Tras este fracaso, Pedro
de Santander propuso la colonización con
gente remunerada para no abandonar a los indios,
asegurar el paso de las flotas y evitar el asentamiento
de enemigos. En 1558, Guido de Lavezares se estableció
en la bahía filipina (Mobile) y en 14 ag.
1559 fondeó en Pensacola la expedición
de Tristán de Luna, entre cuyos misioneros
iba el gran defensor de los indios, Domingo de Salazar,
luego obispo de Manila. Recorrido el territorio,
no pudieron establecerse en él y fueron recogidos
en 1561 por Ángel Villafañe, que intentó
poblar en Santa Elena (Carolina del Sur) sin conseguirlo.
La conquista definitiva se efectuó
al fundar los hugonotes una colonia en la costa atlántica
en 1562, la cual, abandonada poco después, se restauró
por orden del almirante Coligny, aun teniendo noticias
la reina de Francia por su hija, Isabel de Valois, que
el esposo de ésta, Felipe 11, no consentiría
la presencia de herejes en sus territorios. Se pretendía
con ello atacar la flota de Indias al cruzar el canal
de las Bahamas; trasladar las guerras de religión
al Nuevo Mundo y enfrentar la opinión francesa
contra España. Menéndez de Avilés
(v.) se encargó de eliminar estos problemas y lo
hizo cumpliendo las durísimas órdenes que
recibió del monarca. Tras la victoria, desplegó
gran actividad y aseguró la colonización
española; estableció fuertes en la bahía
de Carlos, Tampa, Gualé y Santa Elena, asegurando
su comunicación por mar; e hizo amistad con los
caciques vecinos, a los que intentaron cristianizar los
primeros jesuitas llegados al Nuevo Mundo a petición
suya. Uno de ellos, el P. Martínez, fue sacrificado
por los indígenas. Fracasada la evangelización
en el sur de la península, los jesuitas se establecieron
en 1570, totalmente solos, en la región de Ajacan
(Virginia), donde fueron martirizados, librándose
únicamente un niño de doctrina. En 1572
la Compañía de Jesús abandonó
F., siendo sustituida por la Orden de S. Francisco. La
primera década franciscana fue una época
turbulenta en la que se abandonaron los puestos misionales,
aunque se volvieron a ocupar más tarde logrando
su definitivo afincamiento. Cuando en 1586 Drake (v.)
quemó San Agustín ya estaba erigida la iglesia
parroquial y el ayuntamiento. En 1587 se habían
fundado los pueblos de Tolomato, Topiqui, Nombre de Dios,
San Sebastián, San Antonio, San Pedro y San Juan.
En 1588 se intentó restablecer la misión
de Ajacan. A mediados de septiembre de 1597 fueron martirizados
cinco frailes, pero siete años después ya
reinaba la normalidad, dando comienzo una maravillosa
época de proezas misioneras y convirtiéndose
por doquier pueblos enteros de indios.
En 1607 los ingleses se establecieron
en Virginia, cerca de la bahía de Chesapeake, y
fundaron Jamestown. España consideró el
hecho como una usurpación y una amenaza, y reaccionó
de inmediato, aunque débilmente. En 1609 Felipe
111 envió una expedición contra este establecimiento
al mando del capitán Pérez de Écija,
pero dado que era insuficiente su fuerza no la atacó,
limitándose a provocar las hostilidades de indios
contra ingleses; esta técnica indirecta de guerra
después revertiría contra el establecimiento
español, y entonces no tuvo eficacia porque el
rey de España, para atraerse a Inglaterra, contemporizó
con sus colonos, pues esperaba que fracasasen por sí
solos, lo que no aconteció. Mientras tanto aparecían
nuevas misiones franciscanas entre los indios. Y así,
en 1612, se crearon las de Georgia, y dos años
después fueron 20 los pueblos de indios cristianos
levantados en F. En 1633 comenzaron las misiones de Apalache,
con las que, en 1634 ascendían a 44 los establecimientos
de misioneros y a 30.000 los indios convertidos, repartidos
en un territorio situado a más de 200 Km. del Atlántico.
En 1675 el bucanero inglés John Davis saqueó
San Agustín. Una rebelión de los indios
apalaches provocó el retroceso de aquellas prósperas
misiones. Mientras tanto los ingleses, aprovechando estas
circunstancias, avanzaron hacia el sur poco a poco, y
consolidaron sus posiciones al establecerse en 1670, y
de modo definitivo, en Charleston (Carolina del Sur);
en este territorio ya se habían infiltrado antes,
hacia 1653. En 1674 aparecieron de nuevo los misioneros
en la actual Georgia.
Doce años después los
españoles fundaron Pensacola, en el golfo de México
y en la bahía del mismo nombre, para protegerse
contra un posible establecimiento francés. Pero
pese a todos los esfuerzos, los franceses ocuparon y poblaron
la colonia de Luisiana, separando así el virreinato
de Nueva España y F. Durante la guerra de Sucesión
española se combatió violentamente apoyándose
cada contendiente en las tribus de indios vecinos. El
fuerte de San Agustín fue incendiado en 1702 e
igualmente fueron destruidas las demás misiones
en la región de los Apalaches. Hubo un ataque franco-español
contra Charleston en 1706, que no logró ningún
fruto. Todas las misiones de la parte norte de F. quedaron
destruidas y deshabitadas, ocasión que aprovechó
el inglés Oglethorpe para fundar la nueva colonia
inglesa de Georgia, entre el río Savannah y Altamaba.
De este modo fue reduciéndose progresivamente la
extensión territorial de la primitiva F. Durante
la guerra de Sucesión de Austria se volvió
a combatir en la frontera del territorio español
e inglés. En 1740, de nuevo Oglethorpe puso sitio
a San Agustín, pero fracasó. En 1748 se
consiguió de los indios de Creek. Choctaw y Chickasaw,
que poblaban el territorio de los Estados situados al
S del río Tennessee y al O de Georgia, que firmaran
tratados con el rey de España, el cual se convirtió
virtualmente en su protector. Un refugiado realista organizó
la sociedad mercantil Panton, Leslie y Compañía,
que estableció, con permiso español, puestos
de comercio en la F. y traficó con los indios proveyéndoles
de armamento. Estas tribus se dedicaron a atacar los poblados
fronterizos.
La paz de París de 1763, que
puso fin a la guerra de los Siete Años, hizo perder
a España la F. que pasó a Inglaterra; Francia,
para resarcir a España de sus pérdidas,
le cedió la Luisiana y todos los derechos franceses
sobre el territorio situado al O del Misisipí.
La población española emigró a Cuba,
pues no deseaba permanecer bajo dominio protestante y
extranjero. Inglaterra reorganizó su nueva colonia,
dividiéndola en F. Oriental y F. Occidental. La
primera incluía la península hasta el río
Apalachicola y Santa María, con la anexión
de Georgia; la parte occidental se extendía al
NO de la F. española, con Pensacola por capital
e incluía una parte de Luisiana, hasta el Misisipí,
llegando el límite al paralelo 32,28'. Inglaterra
organizó su colonia desde el punto de vista institucional:
mejoró las comunicaciones, fomentó la inmigración
y economía intentando atraerse a los indios y comerciando
con ellos. Así, F. se convirtió en un país
puramente inglés y allí se refugiaron los
ingleses leales a la metrópoli durante la revolución
americana. Éstos pidieron ayuda a los españoles
prometiéndoles la reconquista de la F. España
aceptó y ordenó al gobernador de la Luisiana,
Bernardo de Gálvez, invadir la F. Occidental, quien
la conquistó , rápidamente. Después
de las negociaciones de paz, España consiguió
la entrega de ambas F. Pero antes de la cesión,
Inglaterra y EE. UU. habían pactado que el límite
de F. sería el paralelo 32028', si Inglaterra conservaba
la F., y el 31°, si la cedía a España,
lo cual abría un conflicto entre EE. UU. y España.
Cuando en 1783 España recuperó
la F. se encontró con muchos problemas: dominaba
una población de otra raza, lengua y religión,
que además aborrecía la dominación
española; por otra parte, EE. UU. exigía
de España la renuncia al territorio situado al
N del paralelo 31°. El gobierno de F., que antes dependía
de Cuba, pasó a estar unido al de Luisiana, cuyos
gobernadores, especialmente Esteban Muñoz y el
barón Carondelet, atrajeron a las tribus indias
oponiéndolas al influjo estadounidense. También
se canalizó el comercio hacia los puertos del Golfo.
Con todo esto y con la ayuda de sus diplomáticos
en América, España mantenía sus derechos,
hasta que Godoy (v.) cedió bruscamente, y por el
tratado de S. Lorenzo de El Escorial (1795) el territorio
hasta el paralelo 31° fue entregado a EE. UU. que
con él crearon el nuevo Estado de Misisipí.
España también había cedido la Luisiana
a Francia, y cuando ésta la vendió a EE.
UU. en 1803, empezó un nuevo conflicto, pues los
estadounidenses interpretaron que la cesión a Francia
incluía también la de F. Occidental, dados
los términos del tratado de S. Ildefonso firmado
en 1800.
Florida permaneció bajo la soberanía
española hasta 1821, pero se hacía difícil
mantener el orden y enfrentarse con la consciente tendencia
expansionista de EE. UU., expresada en la invasión
de A. Jackson y en la diplomacia de John Quincy Adams.
Antes, una ley de 1804, dictada por orden de Jefferson,
declaró perteneciente a Estados Unidos la costa
de F. Occidental, entre el Misisipí y el río
Perdido. Al final de 1813, toda la F. Occidental estaba
en poder de los americanos, sin hallarse en guerra con
España; en 1818, Jackson invadió la F. Oriental
y este hecho le valió el apoyo popular y el del
Gobierno; era presidente Monroe y secretario de Estado
J. Q. Adams, quien, con el tratado transcontinental de
1819 (AdamsOnís), forzó a España
a entregar lo que le quedaba de su territorio colonial
al sur de Norteamérica a cambio de cinco millones
de dólares no pagados, sino destinados a abonar
reclamaciones estadounidenses contra España. La
mayoría de los españoles emigraron a Cuba
y la huella española acabó por perderse,
siendo hoy escasa.
En 1812 había cesado formalmente
la soberanía española en F., pero el cambio
de banderas no tuvo lugar hasta 1821, año que marcó
el comienzo de lo que es hoy el Estado más sureño
de la Unión. Después de un breve periodo
de gobierno militar bajo A. Jackson, el área fue
organizada en un territorio por un Acta del Congreso (30
mar. 1822). En 1827, los habitantes de F. obtuvieron permiso
para elegir su propio Consejo legislativo, que fue reemplazado
en 1838 por un Senado y una Cámara de Representantes.
En 1845 fue admitida en la Unión como un Estado.
Hasta entonces gran parte del área de San Agustín
y Pensacola se transformó en pequeñas granjas
y plantaciones. Se crearon las ciudades de Jacksonville,
Key West, Fernandina, Quincy, Madison, Apalachicola, San
José y la nueva capital: Tallahassee. Política,
económica y socialmente, el territorio fue dividido
en F. del Este, del Oeste y Central, siendo esta última
la más floreciente desde el punto de vista económico
y político, hasta que su progreso se vio afectado
por la guerra de los indios semínolas (1835-42).
Florida, desde la fundación como
Estado, en la guerra civil y después de 1876, fue
siempre una réplica de la organización de
los Estados sureños, con plantaciones de algodón,
con esclavos y alternando el partido demócrata
y republicano en el Gobierno. Sólo había
una excepción al sistema general sureño
y ésta era la inmigración de gentes del
Norte a las ciudades de F. del Este, donde formaron un
núcleo con el sentimiento e ideas de la Unión
durante la guerra civil, aunque F. se separó de
la Unión el 10 en. 1861, contribuyendo a la Confederación
principalmente con productos alimenticios. En F. tuvo
lugar la batalla de Olustee (20 feb. 1864), que ganó
la Confederación. En 1865-77 sufrió las
fases políticas de la llamada reconstrucción
del Sur y con las elecciones de 1876 recuperó el
control el partido demócrata. Los principales factores
del progreso de F. después de 1886 fueron: el incremento
del transporte, el aumento de la población, el
desarrollo de la industria, la transición de status
agrario al urbano con el rápido levantamiento de
ciudades, el crecimiento turístico y la mejora
de la educación. Este desarrollo moderno se ha
caracterizado por la amalgama de las poblaciones del Norte
y del Sur. En las elecciones presidenciales desde 1876
a 1948, F. siempre se agrupó con la sólida
democracia del Sur, excepto en 1928 que votó por
H. Hoover, como reacción contra el candidato demócrata
A. E. Smith. A partir de 1952, F. fue arrastrada al partido
republicano, debiéndose este giro a las ideas republicanas
de los nuevos residentes y a la oposición conservadora
dentro de las filas demócratas hacia los demócratas
liberales Stevenson y Kennedy. A causa de la proximidad
con Cuba, F. siempre ha tenido una relación estrecha
con aquella isla; ejemplo de ello son los numerosos refugiados
cubanos que han llegado a Miami desde la subida al poder
de F. Castro.
BIBL.: G. CÁRDENAS Y CANO, Ensayo cronológico
para la Historia general de Florida, Madrid 1723; P. G.
J. KEEGAN y L. TORMO SANZ, Experiencia misionera en la
Florida, Madrid 1957; E. RuIDíAZ CARABIAS, La Florida,
su conquista y colonización por P. Menéndez
de Avilés, Madrid 1893; R. W. PATRICK, Florida
under fine Flags, Gainesville 1945; J. JAY TEPASKE, The
Governorship of Spanish Florida 1700-1763, Durham 1964.